Se Acabó la Fiesta Falsa: Por Qué la Música Corporativa Está Muriendo (Y Qué Viene Después)

Por Julio Erre | KULTURA SÓNICA


Algo se está rompiendo en la industria musical. Y no es una crisis más: es el final de un ciclo que empezó a principios de los 2000 y que, finalmente, está llegando a su fin.

Fue la era del éxito prefabricado. De los algoritmos que decidían qué debías sentir. De las corporaciones vendiendo “artistas” como si fueran cereales. De la música como producto de consumo rápido, diseñada para durar tres meses en un chart y desaparecer sin dejar huella.

Pero la gente se hartó.

Y las señales están por todos lados.


100.000 personas dijeron “no” a Bad Bunny en el Super Bowl

Más de 100.000 personas firmaron una petición para que Bad Bunny no tocara en el medio tiempo del Super Bowl 2026. No fue un capricho de haters. Fue un grito colectivo de rechazo a lo que representa: un producto fabricado, empujado por una maquinaria corporativa brutal, y presentado como si fuera cultura.

Su último disco es, lisa y llanamente, de mal gusto. Pero el problema no es Bad Bunny: es el sistema que lo pone arriba a cualquier precio.

Universal Music, Rimas Entertainment, Spotify con sus algoritmos programados, campañas millonarias, playlists compradas. Todo diseñado para que no puedas escapar de él. Para que parezca que “todo el mundo lo escucha”, cuando en realidad lo que está pasando es que te están obligando a escucharlo.

La gente lo siente. Y ya no lo banca.


Rosalía: la prueba de que se puede hacer otra cosa

En el polo opuesto está Rosalía. Una artista que arriesga todo por hacer algo complejo, profundo, visceral. Sus discos no se dejan escuchar de fondo. Te exigen atención. Te desafían. Te incomodan.

Y aun así, logra resonancia global. Sin capitular. Sin venderse. Sin convertirse en un producto masticable para el algoritmo.

Rosalía demuestra que todavía es posible ser artista de verdad y no morir en el intento. Que la autenticidad no está peleada con el éxito, solo con el modelo corporativo de “éxito rápido y fácil”.


La era de los algoritmos está colapsando

Durante los últimos 20 años, las plataformas de streaming nos vendieron una mentira: que podían “predecir” lo que nos gustaba. Que sus algoritmos nos iban a descubrir música nueva, mejor, más personalizada.

Lo único que hicieron fue encerrarnos en una burbuja.

Spotify te recomienda más de lo mismo. Apple Music te recomienda más de lo mismo. TikTok te empuja canciones que duran 90 días y desaparecen. Todo diseñado para mantenerte enganchado el mayor tiempo posible, no para que descubras algo que te cambie la vida.

La gente se está dando cuenta. Y está buscando otra cosa.


El regreso de la escucha activa: vinilos, DJs curadores, sellos con identidad

Las señales del cambio están por todos lados:

1. El vinilo está explotando No por nostalgia. Porque la gente quiere volver a sentarse a escuchar un disco completo. Quiere rituales. Quiere prestar atención.

2. Los DJs curadores vuelven a ser importantes Ya no confiamos en el algoritmo. Confiamos en el DJ que tiene criterio, que arriesga, que nos muestra música que no sabíamos que necesitábamos. El DJ vuelve a ser lo que siempre fue: un guía, un curador, un narrador.

3. Los sellos independientes con identidad están creciendo Anjunadeep, Colorize, All Day I Dream, Oddity. Labels que tienen una línea editorial clara, que no siguen modas, que apuestan por artistas a largo plazo.

4. Los clubes underground están resurgiendo La gente está cansada de los megafestivales genéricos donde todos los lineups son iguales. Quieren experiencias íntimas, cuidadas, reales. Quieren volver a sentir que la música es un ritual, no un fondo para sacarse fotos.

5. La música electrónica emocional y narrativa está creciendo Melodic techno, progressive house, ambient. Todo lo que te hace cerrar los ojos y viajar hacia adentro. La gente busca música que les haga sentir algo profundo, no solo bailar en piloto automático.


Lo que David Bowie vio venir en los 90

En 2002, David Bowie dijo en una entrevista con el New York Times que internet iba a desmantelar las estructuras de poder de la industria musical. Que la música se iba a volver tan ubicua como el agua o la electricidad. Que el artista y el público iban a tener una relación directa, sin intermediarios.

Tuvo razón. Pero tardó 20 años en pasar.

Las corporaciones pelearon. Construyeron nuevas formas de control: algoritmos, playlists, payola digital. Pero no pudieron detener lo inevitable.

La música está volviendo a las manos de la gente.


¿Qué viene después?

Una nueva era. Una era donde:

  • Los artistas vuelven a arriesgar, porque el público está buscando autenticidad, no fórmulas.
  • Los DJs vuelven a ser curadores, no solo técnicos que reproducen lo que está de moda.
  • Los sellos independientes vuelven a tener peso, porque tienen identidad y criterio.
  • La escucha vuelve a ser activa, porque la gente se cansó de la música de fondo.
  • La música vuelve a ser un ritual, no un producto de consumo rápido.

Estamos volviendo a los 70, 80, 90. No porque queramos vivir en el pasado, sino porque en esas décadas la música importaba de otra manera. La gente compraba discos porque un amigo se los recomendaba. Iba a disquerías a explorar. Descubría bandas en clubes. Escuchaba DJs que arriesgaban y les mostraban cosas nuevas.

No había algoritmos diciéndote qué sentir.


La batalla por el alma de la música

Las corporaciones van a seguir empujando Bad Bunnys. Van a seguir apostando al éxito rápido y fácil. Van a seguir intentando controlarlo todo.

Pero van a perder.

Porque la música es uno de los últimos bastiones humanos que nos quedan. Y cuando intentan decirnos cómo debemos sentir cuando escuchamos una canción, algo se rompe.

Y ese algo es lo que está explotando ahora.

Entre tanto ruido y el sigilo de las corporaciones queriendo controlarlo todo, se escucha un grito de furia. El grito del melómano harto. Del DJ que arriesga. Del artista visceral que lo juega todo por hacer algo real.

La música falsa está muriendo.

Y la música visceral se abre paso.

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