Respeto ante todo: la música electrónica no necesita grietas, necesita puentes

En estos tiempos de viralización inmediata y opiniones lanzadas al viento por un puñado de likes, pareciera que ser DJ o formar parte del público de la música electrónica implica tener que posicionarse en una trinchera: o estás con el underground o estás con el mainstream. O aplaudís el crecimiento masivo de propuestas como Afterlife, o te indigna que artistas como Gordo ocupen lugares destacados en la escena. Y en el medio, influencers que analizan sin contexto, sin historia, sin haber vivido el pulso real de una pista.

Pero la esencia de la música electrónica siempre fue lo opuesto a eso.

Nació para unir, no para dividir. Para generar espacios de libertad, no de juicio. Para invitar a explorar, no a señalar. Y sobre todo, para que cada uno encuentre su lugar, su estilo, su frecuencia.

La escena ha sido, desde sus inicios, un lugar donde conviven lo experimental y lo popular, lo íntimo y lo masivo, lo oscuro y lo luminoso. Cada DJ tiene su historia, su búsqueda, su proceso. Y cada público también. El respeto no debería depender del género que se pincha ni del tamaño del evento. Ni del sello que acompaña al artista, ni de cuántos seguidores tiene.

Porque cuando olvidamos eso, empezamos a replicar los mismos patrones que la electrónica vino a desafiar.

No se trata de aplaudir todo sin criterio. Se trata de reconocer que hay múltiples formas de expresión dentro de este universo sonoro. Que la crítica sin contexto y el desprecio desde la superioridad moral no construyen comunidad, la fragmentan. Y la música electrónica, si algo necesita hoy más que nunca, es comunidad real. Diversa. Evolutiva. Humana.

Hoy, más que nunca, deberíamos volver a las bases: pista libre de prejuicios, sonidos que conmuevan, y respeto por quienes eligen compartir su arte, sea en un club para 80 personas o en un escenario para 80.000.

La música electrónica está en permanente evolución. Y eso es algo para celebrar, no para temer. Aceptar que crece, que muta, que explora nuevos territorios, no significa perder el alma: significa estar vivos.

Respetemos todas las formas de bailar, de pinchar, de sentir. Porque al final del día, lo que nos une no es una estética, ni una postura: es el amor por la música que nos transforma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial